Los duendes de la Vendimia de Montauban

Todo el año esperando la cosecha. Todos estos meses esperando septiembre y sus frutos. El final del verano y su brisa. Para los seres de los bosques todo lo que se ha sembrado es tan sagrado como todo lo que se siembra y esta época es tan mágica…¡clin!

Al contrario que la cosecha del sur de la Vendimia, nosotros los duendes tenemos una fama horrible por estos lares. Algunos la preceden como mi tío abuelo Alix que dejó escapar los caballos de los Fontaine en mitad de la noche del 6 de mayo de 1908 y desde entonces se nos maldice en toda la comarca cada mayo al atardecer. No es nada agradable tampoco saber que mis tías Amandine, Annabelle y Astrid se divertían intercambiando bebés humanos por bebés hada allá por los 60. Toda la comarca de Montauban se vio afectada por una epidemia de bebés hada fortuitos. Y ni que hablar de mis abuelos Basile y Caroline que se dedicaban a colarse en los círculos de las hadas, atrayendo a los humanos y haciendo que estos bailaran incansablemente hasta cada amanecer…

Ahora que lo pienso yo nunca he hecho nada de eso. Quizá sea un mal duende pero solo me dedico a darle ese toque especial a la vid para que crezcan bien ¡clin!, debo de ser un ejemplo horrible para mi familia llena de revoltosos y traviesos ejemplos de raza, yo ahora me he convertido en un simple granjero. Sé que este año la cosecha va a salir bien… ¡las buenas auras lo anuncian! Además, hace un par de noches que mis ojos han creído ver a una duendecilla nueva entre las hojas verdes ¡eso no puede ser más que buen presagio, compañeros! ¡Clin, clin! ¿Quién sabe? ¡A lo mejor puedo encontrar una compañera que me ayude con las uvas! Así que apartad parras que aquí llega el rey de la raza, el más travieso de los duendecillos del bosque… ¡Un momento! ¿A quién pretendo engañar? ¡Pero si yo no soy así! Bueno, ya sabrá la verdad. Espero poder contársela algún día. Sí, un día de septiembre, es mi mes favorito de todos. ¡Deseadme suerte!

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En honor a la brujita más adorable y sabia de estos bosques. Con amor para Concha García.

Los duendes de la Vendimia de Montauban

Motociclista galáctico

Torpe pero libre. Así era el motociclista galáctico que surcaba las madrugadas por los gigantescos aros de velocidad. Las estrellas se convertían en fugaces cuando el motociclista galáctico las atravesaba. Miles de deseos hechos de realidad y de risas esperpénticas a cuenta de la velocidad. Oler a gasolina húmeda es posible con el motociclista galáctico, el nuevo y el único de toda la galaxia. Todo es genial, todo es real. Él sabe que las madrugadas son sitios peligrosos para vagar y sabe que es inquietante recorrer ciertos caminos por eso en una medianoche clara, a ras de los mares de agujeros negros, me pareció entenderle maullar: “cuidado con lo que deseas, Caroline”.

Una historia real con Jack Times

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Motociclista galáctico

Los Destellos de Saturnalia: Capítulo 20 + epílogo (FINAL)

Cloe y Diego bajaron discretamente por las pequeñas escaleras del reservado, ambos cansados pese a las altas horas que ya eran, pero con una auténtica sonrisa en la cara.

Las pocas personas que antes quedaban ya no estaban, además de haber apagado las luces de colores parpadeantes de la pista, no había rastro del excéntrico hilo musical y los ruidos de platos y vasos habían desaparecido. Había tan solo una persona en la barra y el silencio más tremebundo.

—Espera… —pidió Cloe, a medio camino de la puerta —. ¿No es ese Tomás?

—No puede ser. Tomás se fue hace horas…

Diego se puso las gafas en su sitio y achicó los ojos para comprobar quien era aquel tipo. Una expresión de extrañeza le recorrió el semblante y ambos cambiaron su camino hacia el exterior por el camino hacia la barra.

—¿Tomás? ¿qué haces aquí? Son casi las seis. Seguir leyendo “Los Destellos de Saturnalia: Capítulo 20 + epílogo (FINAL)”

Los Destellos de Saturnalia: Capítulo 20 + epílogo (FINAL)