De cómo juntar los extremos para no convertirse en un monstruo

 

Tengo miedo de que alguna estación se vaya a la porra.

Seguro que hay más gente que tiene ese miedo pero nadie dice nada, de hecho ya no estoy segura de si la gente sabe exactamente lo que es tener miedo. Pero el asunto que me trae aquí hoy es que hace unos días tuve una idea muy rara: que solo hay tres días de verano.

Es así: hay tres días de verano y tres días de invierno.

Hay seis días en todo el ciclo del año que se unen mediante cuerdas invisibles y que son los opuestos más radicales. Tres días de calor infinito y tres días de frío eterno. Son en total seis días que pasan a formar parte de ese lapso que es como una nada absurda en la que todos vagamos preguntándonos que va a pasar ahora y si vamos por buen camino.

Son días que se convierten en un tiempo que es especial y nuestro.

He llegado hasta aquí porque hay gente mágica que veo convertida en monstruos y me pregunto constantemente que donde está la causa. Tengo a veces vivo pavor de no encontrar esas razones y de que en algún momento, en los ciclos de años venideros, yo también termine convirtiéndome en un monstruo. Sin duda, lo peor de ello sería no darme cuenta. No darme cuenta de que me convierto en un ser hostil y que daño al resto de mis seres queridos sin saber muy bien porqué, sin tener razones reales o presentes. Y todo porque hay algo que no pensé bien en esos seis días del año…

 

Por cierto, el resto de días que se siguen denominando invierno y verano en la cultura universal son simplemente híbridos preciosos donde se entremezclan los ácidos fulgores de la primavera y las dulces pinceladas del otoño. Si os hundís en el fondo de vuestro miedo a lo mejor podéis notar todos esos matices interestacionales. Os invito a pasear conmigo por esos parajes, ya inhóspitos y desolados en estos días, con la esperanza de que si en algún momento mi mirada se vuelve monstruosa me cojáis a tiempo, con dulzura, y de la mano me acompañéis a dar ese placentero paseo estivo-hibernal.

Ánimo.

¡Shé! Tenga usted cuidado de no caer en una transformación indeseada.
¡Shé! Tenga usted cuidado de no caer en una transformación indeseada.
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